Actualizado:
22 julio 2017
16:24
Mascotas | 19-05-2017 | facebook yahoo twitter

Agresión en perros

Vanesa Carbonell, educadora/entrenadora canina de Diéresis Animal

La agresividad, uno de los mayores – sino el mayor – problema al que nos podemos enfrentar cuando convivimos con un perro. Los debates sobre la agresividad en el mundo canino están al rojo vivo, tanto en cuanto a cómo interpretarla hasta cómo modificarla. La ciencia actualmente no nos proporciona todas las respuestas que necesitamos para tratar el tema de la agresividad en los perros; podemos realizar inferencias y apoyarnos en la ciencia cuando se nos permite.

En mis casi 7 años de estudio y trabajo con perros, y tomando en cuenta a algunos de los mayores expertos sobre el tema con los que he podido formarme, llego a la conclusión de que, como ya sabemos, hay varios tipos de comportamientos agresivos con diferentes motivaciones. A continuación, enumeraremos todas ellos, tomando como referencia a tres de las personas más influyentes en el mundo de la agresividad canina: James O´Heare (Psicólogo y entrenador canino), Roger Abrantes (Biólogo y etólogo) y David Nieto (Etólogo y entrenador canino).

Cada tipo de agresividad requiere un tratamiento específico por lo que, como siempre, lo primero que deberemos identificar es ante qué tipo de agresividad estamos.

Agresividad por miedo

Puede venir dada por diferentes factores, casi siempre por un pobre troquelado con humanos y/o perros, por un pobre trabajo de socialización temprana, y/o por experiencias traumáticas, sobretodo en edades tempranas. También se han de tener en cuenta los factores genéticos, que pueden estar influenciando en la sensibilidad del perro, es decir, al filtro con el que el perro perciba la realidad. Los expertos aseguran que un perro con un pobre, nulo o deficiente troquelado, junto con un pobre, nulo o deficiente proceso de socialización será un perro que jamás sabrá convivir y relacionarse correctamente con humanos y/o perros.

Agresividad por posesión de recursos

Cuando hablamos de recursos nos referimos a cualquier cosa que un perro considere valiosa, desde la comida hasta su propietario, la manta en la que se tumba o un palo con el que está jugando.

Depredación

La depredación en sí no implica agresividad, pero sí agresión. Son perros que suelen “jugar a cazar” a perros más pequeños, animales o incluso niños o personas adultas. Hay ciertas razas con un instinto de depredación muy elevado, que si no es paliado de otra forma, el perro puede intentar suplir cazando. Estos perros no enseñan los dientes, ni gruñen ni amenazan al agredido, simplemente le persiguen con una fijación ocular muy marcada hasta darle caza con resultados muy peligrosos.

Agresividad territorial

La territorialidad es otro instinto que hemos potenciado en algunas razas a lo largo de los años, tenemos así perros como los Mastines o los Rottweiler con un alto instinto de protección del territorio; por lo tanto, la influencia genética está muy presente aunque siempre puede ser consecuencia de un comportamiento aprendido. Estos perros, cuando tienen este instinto muy marcado, protegen cualquier territorio en el que se les coloca, automáticamente.

Agresividad por complejo de control o dominancia

Este tipo de agresividad está muy debatida. Algunos expertos aseguran que algunos perros portan genéticamente la tendencia a ser “dominantes”, es decir, a intentar controlar al resto de perros o incluso a sus propietarios. Otros expertos se niegan en rotundo a utilizar la palabra “dominante” y prefieren decir que son perros con complejo de control. Lo que sí es cierto es que los perros han sido creados para ver al humano como su madre, es decir, como los lobeznos ven a sus padres dentro de una manada salvaje; es un rasgo genético deseable en los perros. También es cierto que unos perros tienen más marcado ese comportamiento y otros menos, estos últimos serían los que los expertos llamarían “dominantes” o con complejo de control.

Agresividad patofisiológica

Este tipo de agresividad viene dada por factores de salud. Un perro con una enfermedad que supone un dolor crónico estará más irritable – tal y como lo estamos los humanos -; un ejemplo común son los perros que sufren de displasia de cadera. En este caso siempre ha de tratarse el problema de salud en primer lugar. Dentro de la agresividad patofisiológica tenemos la Idiopática, referida sobre todo al Síndrome de Ira del Cocker Spaniel; una enfermedad parecida a la esquizofrenia en los humanos que afecta demasiado a menudo a esta raza en particular.

Agresividad maternal

Este tipo de agresividad es totalmente instintiva y funcional, dada por la necesidad de la madre de proteger a sus cachorros.

Cada tipo de agresividad puede venir marcada genéticamente pero ir recibiendo influencia del entorno para potenciarse o debilitarse. Como siempre, cuando tenemos un perro con comportamientos agresivos, lo primero que deberemos identificar será ante qué tipo de agresividad estamos y, a partir de ahí, podremos comenzar a diseñar un plan de acción o tratamiento.

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